lunes, 17 de febrero de 2014

Puerperio

Si me hubieran dicho que a los cuatro meses el cuerpo me iba a quedar igual que antes de embarazarme todo hubiera sido más fácil. Si alguien me hubiera dicho que las angustias y los miedos que me atormentaron los primeros meses cuando lo miraba en su cunita como a un extraño, eran lo más normal del mundo, todo hubiera sido más fácil. Si la crema que me salvó de los pezones estallados me la hubieran dado en la clínica y no a los 15 días, no hubiera sufrido tanto al pedo. Si en lugar de asustarme diciéndome que largue las pezoneras me hubieran dicho que mi bebé ya no las iba a necesitar en poco tiempo (como pasó a los tres meses), las hubiera usado sin culpa y la lactancia hubiera sido más fácil para mí. 
Acabo de hablar con una amiga a la que le había pasado todos estos secretos. Pero ella sufrió otras cosas: presión alta que se le disparó cuando se encontró con una comitiva de parientes haciendo cola para entrar a la habitación y, finalmente trastorno del sueño. Tuvieron que medicarla con Alplax para que pudiera dormir. Su impresión fue que sufría más por estar lúcida "lo peor es que racionalmente sabés qué es lo que te está pasando" me dijo.Ella sí había ido a la clase del curso de preparto que hablaba del puerperio. 
Y es que después de atravesar el puerperio sentís que todo hubiera sido más fácil y menos doloroso si alguien te lo hubiera dicho, si hubieras sabido tal y cual cosa; y en parte es verdad. Lo que pasa es que pocas mujeres hablamos de esta etapa, y también muy pocas nos transmitimos ese saber que resulta de haber atravesado la experiencia. Mas bien nuestros relatos se terminan empobreciendo en una versión edulcorada de la maternidad que todos quieren escuchar.
Es verdad que la experiencia es tan singular que parece que no tienen  nada que ver con lo que te contaron, pero cuando logras ver que tus condimentos son sólo los detalles de una misma postal por la que todas atravesamos, entendés que eso es el puerperio. Un estado de absoluta vulnerabilidad y desconocimiento de vos misma. Una pérdida del autocontrol como nunca experimentaste antes. Pero como todo, pasa y como dice Laura Gutman, hay que abrazar la sombra, porque esa oscuridad que te aterra es la misma que logras atravesar vos solita y de la que salís airosa con tu bebé en brazos. Esa sombra es la que te convierte en una mujer madre.

4 comentarios:

  1. "esa sombra es que la te convierte en una mujer madre". Lloré.

    ResponderEliminar
  2. Gracias Anette, te identificaste. Vamos a escucharnos mujeres! Querés contarnos algo de vos?

    ResponderEliminar
  3. Que buenísimo tu blog, me lo estoy leyendo todo. Hace un tiempito, cuando tomamos la decisión de buscar, lei un libro muy interesante, de una periodista, con un tono descarnadisimo hablaba de todas estas cosas, te lo recomiendo, se llama masmadres (asi todo junto), la autora es Carla Czudnowsky, habla de todos los temas "polemicos", mas o menos en sintonia con lo que planteas. Saludos, Malena.

    ResponderEliminar
  4. Hay otro libro, menos famoso de otra madre periodista: "Nueve meses sin censura" de Gisela Marziotta. Si bien está publicitado "con información útil y práctica para cada trimestre de gestación" (eso lo bajás de internet) me parece que lo más interesante es ver que a nosotras, mujeres modernas, profesionales nos pasa otra cosa, nos topamos con otra cosa acerca del embarazo y la maternidad. Me identifiqué con su experiencia subjetiva y sus vivencias Te lo recomiendo!

    ResponderEliminar